ZONA DE TRANSGRESIÓN

Un espacio en el que opinar con total libertad, en ocasiones con cierta ironía, pero con respeto.

10 octubre, 2006

LAS EXTREMAS


"Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema". Winston Churchill

Este fin de semana pasado se han celebrado elecciones municipales en Bélgica. Lo más destacado es el notable ascenso del partido Vlaams Belang (Interés Flamenco), de ultraderecha, cuyo líder, Filip Dewinter, consiguió el 33,5 % de los votos en su aspiración a alcanzar la alcaldía de Amberes, la segunda ciudad del país.
Este hecho ha vuelto a constatar que los partidos xenófobos se están haciendo fuertes en distintos países de Europa, mientras que en España no hay un partido de extrema derecha que tenga representación en las instituciones públicas, o al menos no hay ningún partido que se considere a sí mismo con representante de ese sector de la sociedad que es la extrema derecha.
Como muestra, además de la situación de Bélgica, podemos decir que en Austria, el FPO es la tercera fuerza política con el 11% de los votos; en Francia, el partido de Jean Marie Le Pen recibe entre el 10% y el 15% de los votos; en Dinamarca, al Partido Popular lo respaldan el 13,3% de los electores; en Eslovaquia, la tercera fuerza política es el Partido Nacional Eslovaco, que recibe el 11,73% de los votos que emiten sus ciudadanos; y en Polonia, La Liga de las Familias recibe el 8% de los votos.
Es evidente que en España también hay un sector social que comparte esa forma de entender la organización del Estado semejante a La Liga de las Familias o al Vlaams Belang, y de hecho los vemos con cierta frecuencia concentrándose ante algunas instituciones, “animando” determinados actos universitarios o “respetando” los libros y los locales en los que éstos se presentan o venden.
Pero la cuestión a clarificar en España es: estas personas, organizadas, concienciadas políticamente, que les gusta hacerse oír, ¿a quienes votan?, ¿quiénes los representan en las instituciones?.
El segundo hecho que atrae mi atención es que el partido de Filip Dewinter “mezcla” ese discurso xenófobo propio de la extrema derecha, con el deseo secesionista de la comunidad flamenca. En las coordenadas de la política española, no acaba de encajar que un partido de extrema derecha esté luchando por la independencia de una parte del territorio del Estado; sin embargo, puede que los equivocados seamos nosotros, que vemos a los partidos independentistas como de extrema izquierda cuando en realidad son de extrema derecha. Esta hipótesis ya está avalada por “la práctica política”¿? de alguno de estos partidos de “extrema izquierda”.
Entre lo determinante que se puede considerar el Rh, la imposición y matar, no nos queda otra salida sino transgredir.