ZONA DE TRANSGRESIÓN

Un espacio en el que opinar con total libertad, en ocasiones con cierta ironía, pero con respeto.

17 octubre, 2006

PLATÓN TIENE RAZÓN


Una sensación invade en estos momentos las conciencias de la ciudadanía: la corrupción es generalizada. Y hay que ver la cara de idiota que se nos queda cuando llegas a semejante conclusión, después de haberte levantado a las seis y media de la mañana para ir a trabajar; o cuando ves que acaba otro día en el que tampoco has encontrado trabajo.
Para mitigar un poco los efectos de esta auténtica alarma socia que los medios de comunicación, también sospechosos del mismo mal, procuran tapar, el Gobierno está elaborando un plan contra la corrupción inmobiliaria que tiene dos líneas de trabajo: una es la creación en el seno de la guardia civil de una unidad de actuación contra los delitos urbanísticos, que estará a las órdenes de la Fiscalía Anticorrupción, compuesta por ciento setenta agentes repartidos en cincuenta y cuatro comandancias, y que empezarán a trabajar en Madrid, Málaga y Murcia por ser las zonas en las que más infracciones urbanísticas se cometen; y otra es la decisión que se tomó en abril de crear veinticinco nuevas plazas de fiscales para combatir estos delitos de corrupción.
La primea evidencia que nos asalta es que la situación está absolutamente desbordada, que se están cometiendo delitos a cada instante; y la segunda es que estos recursos son insuficientes porque ya no podemos contar con quienes deben vigilar por el cumplimiento de estas normas: los ayuntamientos y los gobiernos de las comunidades autónomas.
Esta situación de corrupción generalizada se hace evidente por varios hechos objetivos. El primero es que muy pocos le dedican tanto tiempo a un cargo de responsabilidad en una institución, municipal o autonómica, a cambio de casi nada. No me lo creo. Éstos, que sacrifican tanto tiempo libre, a su familia (que lo consiente), e incluso abandonan temporalmente puestos de trabajo bien remunerados, éstos, digo, están trincando, seguro.
Segundo, siempre nos cuentan casos de individuos que han llegado a estos puestos en las instituciones públicas cargados de deudas e hipotecas, y que en pocos años no han podido evitar mostrar que a esta situación se le ha dado la vuelta: se muestran poderosos, con muy buenas casas, grandes coches, ampliando su patrimonio, etc., etc. Ya lo sabemos, la información es poder, y ellos saben cuáles son los planes; por eso pueden comprar sin riesgo lo que hoy no vale porque la decisión ya está tomada: mañana lo vamos a recalificar y el valor se multiplica.
Además, es un hecho objetivo, sobre todo en zonas rurales, que si tú no estás a bien con estos personajillos y se te ocurre comprar un ladrillo, al día siguiente tienes a la policía municipal en la puerta de tu casa; ahora bien, si haces las cosas “bien” ellos no se dan cuenta que se estás cometiendo delitos urbanísticos.
Cuarto, el delito es muy rentable y en este contexto no tiene riesgo. Incluso quien apenas dominaba las cuatro reglas se convirtió en “empresario” del sector de la construcción. La mayoría alcanzó así grandes éxitos empresariales y sólo unos pocos debieron abandonar el proyecto que tanto les ilusionaba.
Luego están los grandes “pelotazos”, de manual. Todos aspiran a lo mismo, lo único que cambia es la escala, el volumen del “negocio”. En éstos, que sólo salen en los medios de comunicación si los corruptos son del otro partido, hacen falta grandes inversiones y estar en el momento y lugar adecuado para obtener beneficios de millones de euros. Son los modelos de campos de golf o parques temáticos. De éstos sólo se tiene referencia por terceros, viven lejos de cámaras y focos; si bien es cierto que algún osado se atrevió a saltar al primer plano y ahora tienen que conformarse con la lámpara de rayos uva.
Junto a esto, tenemos que convivir con la gran mentira de las promotoras e inmobiliarias: el metro cuadrado de vivienda está tan caro, entorno a seis mil euros, (un millón de pesetas) porque no hay suelo. Ya se nota que no hay suelo, a pesar de que los ayuntamientos están permitiendo que se construya todo: espacios naturales, protegidos, playas, espacios rurales, etc. etc., no hay suelo.
Y, por último, la otra cruda realidad: hay tres millones de pisos vacíos. Esto, en cualquier sector productivo haría caer los precios hasta tener que cerrar el negocio. Pero el ladrillo es diferente. Para eso tenemos a los especuladores. El dinero del “pelotazo” hay que rentabilizarlo y no hay nada genere mejores resultados que este negocio. Así que compramos viviendas que vamos a mantener cerradas unos cuantos años para luego venderlas al doble de lo que nos han costado.
Esto es muy fuerte. Es inadmisible que este colectivo de corruptores y corruptos colaboren en tan alta medida en hipotecar las vidas de tantas personas que se esfuerzan por prepararse, por formase, por ser competitivo, por estar al nivel que “Europa” les exige, a cambio de convertirse en un “mileurista” que tendrá que trabajar toda su vida para seguir inflando las cuentas corrientes de aquellos, y, por extensión, la famosa burbuja urbanística; todo esto, tiene delito.
¿Y por qué?. Pues porque no se le hace caso a Platón. No es posible que al gobierno llegue cualquiera, sin formación, sin unos principios éticos acordes con los intereses de la comunidad. Los gobernantes deberían ser los mejores de la comunidad, los que hayan demostrado más capacidad para dirigir los destinos del colectivo, y no lo que tenemos.
Nosotros no transgredimos.