ZONA DE TRANSGRESIÓN

Un espacio en el que opinar con total libertad, en ocasiones con cierta ironía, pero con respeto.

21 noviembre, 2006

NIÑOS/AS MALTRATANTES



El problema del acoso escolar sigue creciendo y ocupando espacio en los medios de comunicación; por tanto, se hace necesario ya superar la etapa de análisis a la que se ha dedicado tanto tiempo y pasar a ejecutar medidas concretas tendentes a evitarlo y/o solucionarlo.
Podemos estar conformes con la afirmación de que la violencia es un hecho que está extendido por toda la sociedad, de modo que lo sufren también los profesionales de la medicina, del taxi, de la restauración , etc., etc. Pero resulta muy chocante que se de en el ámbito escolar; primero porque al ser un entorno educativo, la violencia debe estar desterrada por completo; y, en segundo lugar, es más chocante aún cuando comprobamos quiénes la ejercen, por qué lo hacen, contra quienes la dirigen, a qué edades, etc.
Y todo ello, además de demostrar que no estamos en la línea educativa correcta, conlleva otro efecto inmediato, estrictamente académico, cual es el retraso que se sufre en las programaciones y, por tanto, en la consecución de los objetivos escolares.
Las causas que desembocan en este tipo de conducta son muy diversas, aquí citaré sólo algunas:
1º.- Es una conducta aprendida por el entorno en el que los niños crecen, de modo que para ellos es normal mostrarse violentos y agresivos.
2º.- El comportamiento agresivo suele ser reforzado por algunos progenitores y familiares, se ríen de “lo bien” que lo hacen los niños violentos y los alientan a continuar haciéndolo.
3º.- La conducta agresiva goza, en determinados ambientes, de bastante prestigio social, por eso la imitan otros. Es más, ahora liga más el chico o chica violento que el que no lo es.
4º.- A determinadas edades, las manifestaciones violentas son la forma de expresar la solidez personal que se va adquiriendo, de modo que muchos preadolescentes refuerzan su autoestima personal mostrándose desafiantes, cuando no actuando en contra de la autoridad, sea paterna, materna, académica, etc.
5º.- Algunos contextos en los que se suelen mover los/as adolescentes “empujan” a actuaciones violentas; primero porque existen los típicos y típicas que se mueven con una intención desafiante con los otros para buscar la agresión; y, segundo, porque si no se responde a la provocación entonces el/la pacífico/a se convierte en un/a gallina objeto de todas las burlas y humillaciones.
6º.- Otra fuente típica de conflictos son los comentarios, bulos, mentiras, etc., que se propagan por los centros, con la intención de generar el conflicto. Muchos de ellos están interconectados con relaciones personales: “amigos/as” que mal meten, parejas que se rompen, etc.
7º.- El entorno de los que se encuentran directamente implicados en la posible pelea, lejos de intentar resolver los malos entendidos, alienta la agresión; incluso, muchas veces llegan a formar un corro alrededor de los/as que se agraden para evitar que alguien paralice la pelea.
8º.- En algunos contextos educativos, tanto las familias como el profesorado, se muestra demasiado complaciente con actitudes violentas, que si se corrigieran a tiempo, no llegarían a tales niveles. No en vano, muchos estudios demuestran cómo es en tercero de Primaria donde se dan los mayores niveles de agresividad (entre ocho y nueve años de edad); de modo que si no se cortan las faltas leves, llegaremos a las graves o muy graves.
Podemos decir que la forma en que este comportamiento se muestra tiene dos niveles diferenciados: por un lado están las conductas disruptivas y por otro las agresiones físicas, las dos igual de preocupantes aunque sea la segunda la más espectacular y llamativa.
Las conductas disruptivas es el gran problema a solucionar, porque son las que realmente imposibilitan la educación y la formación del alumnado, siendo el preámbulo de las agresiones. Cada día, en cada aula del segundo ciclo de Primaria y primer ciclo de Secundaria hay tres o cuatro alumnos/as que van a clase porque es obligatorio, que no tienen la intención de trabajar, de hecho no traen material alguno, y que, consecuentemente, “se entretienen” molestando a sus compañeros, provocándolos, desafiando al profesorado, haciendo todo lo posible para que los expulsen de los centros educativos, vanagloriándose de sus “hazañas” continuas y mostrándose como intocables.
Esta situación, “adornada” con groserías, retos, amenazas, provocaciones, insultos, burlas, humillaciones, etc., hacia el profesorado, que en otro contexto que no sea el educativo supone un grave quebrantamiento de las normas y leyes sociales, con su correspondiente sanción, es lo que los/as profesionales de la educación deben soportar cada día, lo que les lleva a la depresión y lo que les impide educar y formar a su alumnado. Por ejemplo, si cualquiera de estos chicos se equivoca aún más de lo que ya lo hace y comete un delito que le lleva ante un/a juez, estoy convencido de que por un comportamiento mucho más leve del que le “brindan” al profesorado cada día, su señoría lo expulsaría de la sala; sin embargo, el profesorado no tiene esa autoridad, ni esos recurso, y, además, se ve obligado a seguir admitiéndolo en su clase y a seguir trabajando con el educando.
Evidentemente, todo ello no puede sino desembocar en hechos más graves, como son el acoso permanente a las víctimas y las agresiones, entre iguales o hacia el profesorado. Y son éstas las puntas del iceberg educativo, las que están mostrando lo que hay y generando la consiguiente alarma social.
Por último, y en lo que a las soluciones se refiere, tengo que decir dos obviedades: la primera, que el problema implica a tanta gente, instituciones, medios de comunicación, etc., etc., que lo hace muy difícil de solucionar; y, segundo, que éste es un ámbito de trabajo tan cambiante en el tiempo y donde se hace tan necesario el trato individual, que es muy arriesgado dar soluciones sin caer en el ridículo.
Así todo, me atrevo a ofrecer algunas pautas que pueden ayudar a paliarlo, con la única intención de iniciar el debate:
1º.- Debe ponerse en marcha ya una campaña de sensibilización social, por parte de todas las instituciones públicas, que desprestigie socialmente a los violentos, semejante a las campañas contra la violencia machista o contra el derroche de agua y energías.
2º.- Es necesario incidir más en los malos hábitos de determinadas familias, trabajar con ellas, ayudarles desde las instituciones más próximas, porque algunas familias fomentan conductas violentas, pero otras también las sufren.
3º.- No hay que minimizar ni frivolizar con el problema, sino atajarlo con rotundidad desde el primer momento en que se manifiesta, bien sea en el ámbito familiar como en el escolar. Por ello, los centros necesitan recursos humanos y flexibilidad en el currículo.
4º.- Los claustros de los centros tienen que estar más sensibilizados con este problema, mejor formados, y más respaldados por las administraciones.
5º.- Se hace urgente recuperar el prestigio social que necesita el profesorado para que pueda desarrollar su labor docente con garantías:
a.- Evitando y/o sancionando las conductas inadecuadas que los docentes puedan tener.
b.- Sancionando con rotundidad las conductas graves que el alumnado y sus padres tengan contra el profesorado
c.- Remunerando adecuadamente su trabajo; porque en una sociedad como ésta, en la que el dinero da tanto prestigio, se convierte también en forma de desprestigio para quien tiene menos.
d.- Mostrando con claridad los resultados sociales de la labor docente.
6º.- Hay que cesar fulminantemente a los responsables educativos de la mayoría de las Comunidades Autónomas, que son los grandes culpables en esta materia. Estos personajes, que analizan, sugieren, imponen, niegan medidas educativas, llevan más de quince años, como término medio, fuera de las aulas, y así es imposible saber de qué se habla. Siempre han estado mirando para otro lado, mientras el profesorado sigue clamando en este desierto que es la Administración Educativa.
7º.- Cada día se hace más necesario sacar del aula habitual al alumnado más disruptivo, por lo que los centros deben contar con recursos, sobre todo humanos, que los atiendan adecuadamente en el centro educativo, en lugar de expulsarlos a sus casas.
8º.- Es urgente solucionar el abandono del alumnado durante todas las tardes, sin familia ni instituciones que los atiendan. Así es imposible que adquieran hábito de trabajo y controlen sus deberes.
9º.- Todos debemos ser conscientes de que a la escuela se le está cargando cada día con más obligaciones: educación en unos valores mínimos, más idiomas extranjeros, nuevas asignaturas de iniciación profesional, etc.; todo ello con menos tiempo en las aulas y en peores condiciones, por tanto, los resultados que antes eran buenos en algunas materias ahora serán peores.
10º.- Los representantes sindicales también deben volver al aula, porque sólo se preocupan por sus intereses personales y por imprimir panfletos en época de elecciones. No es extraño escuchar en los centros “no aguanto esto más, intentaré liberarme por el sindicato”; es decir, ir a comer en el mismo plato que el politiquito de turno y pasar de los problemas de las aulas.
11º.- Reanimar este moribundo que es la Administración Educativa, muy viajera pero nada efectiva, llena de siniestros personajes, a los que éste y otros temas les permiten seguir comiendo y durmiendo muy bien.
12º.- Poner fin a la burla que supone para el profesorado y los alumnos maltratados la figura del defensor del alumno. De él sólo sabemos que, como funcionario, cobra a final de mes, nada más.

13º.- Concienciar a los padres y madres de alumnado de que son los responsables de las conductas de sus hijos menores, tanto fuera de los centros educativos como dentro de ellos. Estamos viviendo una alarmante contradicción social: por un lado, un colectivo de padres exigiendo a la Administración Educativa más competencias en la educación de sus hijos; por otro, un colectivo aún mayor que ha desistido de educar a sus hijos y de asumir cualquier responsabilidad en su educación.

14º.- Formar auténticos equipos directivos en los centros educativos, sensibles, formados y con las ideas claras, que pongan la autoridad del cargo al servicio de sus compañeros, en lugar de pasarse la vida en los despachos. Y soy consciente de que muchos lo hacen, pero otros…