ZONA DE TRANSGRESIÓN

Un espacio en el que opinar con total libertad, en ocasiones con cierta ironía, pero con respeto.

24 enero, 2007

MAIXABEL LASA

Maixabel Lasa, en el homenaje rendido a su marido cinco años después de su asesinato
El asunto en el que se centra gran parte del debate político estos días gira entorno al miembro de ETA Iñaki de Juana Chaos. Aunque todos sabemos lo que ha pasado, el debate ahora se reabre con motivo de su salud.
En síntesis podemos decir que De Juana está considerado como uno de los terroristas más sanguinarios, responsable del asesinato de 25 personas, por lo que fue condenado a más de tres mil años por el antiguo Código Penal. Esa sentencia ya la cumplió, puesto que se acogió a todos los beneficios que el anterior Código, ya derogado, le permitió. Poco antes de ser puesto en libertad, y ante la presión existente (social, mediática y política) se le condenó de nuevo a doce años de prisión por las amenazas vertidas en un artículo de opinión publicado.
A raíz de esta nueva sentencia, y antes de que se resuelva el recurso presentado contra la misma, De Juana ha iniciado una huelga de hambre que, según los médicos, hacen temer seriamente por su vida.
Como consecuencia de esta nueva situación, la Audiencia Nacional debate qué hacer con él. La Audiencia deberá decidir si mantiene la misma situación, le concede el tercer grado, le hace cumplir la condena en la casa para que se recupere, etc.
Como es evidente, el asunto vuelve a estar rodeado de la máxima polémica en los ambientes políticos y mediáticos. Y cada uno entiende que la Audiencia debería optar por aquella salida que cada cual estima más acertada de entre todas las que maneja la propia Audiencia, no hay una opción que se considere la que domina en la opinión pública.
Ante la evidencia de que el asunto es muy complicado incluso para la Judicatura, dos opiniones me han llamado la atención y son las que quiero comentar. Antes, reconocer que no se qué haría si tuviera que participar en una decisión como ésta, no ya sólo por desconocimiento jurídico, sino incluso si se mirara sólo desde el punto de vista social y político. Por ello, lo que la Audiencia decida, será “lo mejor”.
De entre las opiniones, decía, comentar brevemente la de Doña María San Gil, Presidenta del PP en el País Vasco. Dice que “De Juana eligió voluntariamente asesinar, y ha elegido voluntariamente ponerse en huelga de hambre”, por tanto, si se le excarcelara sería "un escándalo democrático" de la Audiencia Nacional, dado que crearía un "precedente nefasto" y supondría, por parte del Estado de Derecho, "ceder ante el chantaje de un terrorista que ha asesinado a 25 personas".
Ello no hace sino evidenciar, una vez más, que el asunto del terrorismo incide en lo más profundo de los sentimientos de las víctimas y de las personas que lo sufren, por lo que es necesario que esta sociedad trate de resolver el problema del terrorismo con mucha delicadeza, mucho respeto, y evitando las palabras gruesas que últimamente acompañan los debates que se tienen al respecto de la política antiterrorista. En segundo lugar, en momentos como éste se constata otra vez que la confianza que se tiene en el Estado de Derecho es mínima, e, indirectamente, se da a entender que no se confía en él para acabar con el terrorismo, a pesar de que en otros momentos se reclame el Estado de derecho como el mejor, y único instrumento, para luchar contra el terrorismo.
La segunda opinión es la que le oí esta mañana en la radio a Maixabel Lasa, responsable de la Dirección de Atención a las Víctimas del Gobierno Vasco, viuda de Juan Mari Jáuregui, miembro del Partido Socialista de Euskadi y último gobernador civil de Guipúzcoa, asesinado por ETA en Tolosa el 29 de julio del año 2000.
Dijo: “La Justicia también debe proteger a los asesinos más sanguinarios de su propia locura”. Es lo más sensato, equilibrado y respetable que he oído en mucho tiempo en relación a la lucha contra el terrorismo, a pesar, insisto, de ser consciente de que el tema incide en los sentimientos más profundos de las personas, con los que no se puede jugar.
RECONOCIMIENTO.