ZONA DE TRANSGRESIÓN

Un espacio en el que opinar con total libertad, en ocasiones con cierta ironía, pero con respeto.

29 octubre, 2006

NO OLVIDEMOS


Siguen llegándonos noticias relacionadas con la guerra que el ejército israelí libró este verano en el sur de Líbano, pero la que se espera aún no se produce: la liberación de los soldados de Israel secuestrados. A pesar de que fue éste el motivo que se presentó ante la opinión pública internacional para justificar la guerra, y que hicieron suyo un número importante de líderes políticos mundiales, lo cierto es que la guerra terminó y los soldados siguen sin ser liberados. Es incomprensible.
Como recordamos, el doce de julio de dos mil seis tiene lugar un enfrentamiento entre Hizbulá y el Tsáhal (Tsevá Hahaganá Leisrael), provocado por la guerrilla liderada por Hasan Nasrallah, que pretendía liberar a los prisioneros árabes de las cárceles israelíes. En el choque, la guerrilla hirió a cinco civiles, murieron ocho soldados israelíes y otros dos fueron capturados.
En respuesta a este hecho, el ejército israelí inicia la operación “Cambio de rumbo”, lo que le lleva a invadir el sur de Líbano librando una guerra abierta contra las posiciones de Hizbulá hasta el catorce de agosto, fecha en la que entra en vigor el alto el fuego acordado en la ONU y recogido en la Resolución 1701.
Las consecuencias de todo ello fueron las previsibles. El Gobierno de Fuad Siniora estimó, el veintisiete de agosto, que los daños causados por la guerra fueron: 1.187 libaneses muertos, 4.060 heridos, 256.000 desplazados y 15.000 viviendas destruidas. Mención aparte se merece la red de infraestructuras destruidas por Israel, que en algunos casos impidió la huida de los refugiados. Por su parte, Israel estimó en 116 los soldados muertos y 450 los heridos, mientras que entre los civiles hubo 41 muertos y 609 heridos.
La deducción es evidente: si el objetivo de la intervención militar fue la que se nos dijo, la liberación de los soldados secuestrados, la guerra se convirtió en un fracaso estrepitoso; si el motivo era otro, nos mintieron una vez más, y nos mintieron a nivel internacional.
Mientras, los días pasan, no se liberan a los soldados, los políticos siguen al frente del gobierno de sus países y nos damos cuenta de lo poco que vale para ellos la vida de otros inocentes ciudadanos. Al respecto sólo cabe mencionar la matanza de cincuenta y dos civiles en Caná, treinta de los cuales eran niños y niñas, que se intentaban ponerse a salvo en un refugio.
Frente a la consideración que me merece el pueblo israelí, han aparecido además tres noticias que me chocan tremendamente. La primera es que el primer ministro israelí Ehud Olmert llega a un acuerdo con el líder de Yisrael Beitenu, el partido de la extrema derecha de ese país, proponiéndole a Avigdor Lieberman hacerse cargo de la cartera de Asuntos Estratégicos. A pesar de ello, el ministro de defensa, el laborista Amir Péretz, continúa en el puesto después de haber repetido hasta la saciedad durante la campaña electoral que no lo haría en ningún caso. En política, lo hechos suelen “confirmar” las promesas.
La segunda noticia que hemos conocido recientemente es que Israel admite que utilizó bombas de fósforo en el sur de Líbano, extremo confirmado por el parlamentario israelí Jacob Edery durante una sesión del Parlamento israelí tras una pregunta del diputado opositor Zahava Gal-On, después de la oficialidad del país lo hubiera negado repetidamente. Las partículas que se producen en la explosión inicial de estas bombas producen graves quemaduras que ocasionan una mortalidad superior a la de otro tipo de quemaduras, debido a la absorción del fósforo en el cuerpo, lo que conlleva graves daños en órganos vitales como el corazón, el hígado o los riñones. Por todo ello, hay un debate abierto sobre la ilegalización de este tipo de armas, considerada por muchos organismos como un arma química.
La última de las tres es que el periodista británico Robert Fisk ha publicado un artículo en The Independent explicando que muestras recogidas por científicos en dos cráteres de bomba encontrados en el sur libanés, donde hubo cruce de fuego entre los israelíes y Hizbulá, sugieren que el Tsáhal tal vez usó munición con base de uranio. Fisk se hace eco de un informe del secretario científico del Comité Europeo sobre riesgo de radiación, el británico Chris Busby, en el que asegura que en dos muestras tomadas en la zona se ha detectado una concentración de isótopos de uranio. Aún así, el portavoz del ministerio de Exteriores de ese país, Mark Regev, dijo que "Israel no utiliza armamento que no esté autorizado por la legislación o convenciones internacionales", según cita Fisk en su artículo. Nos conviene no olvidar.